He cambiado.
Me miro y lo sé,
no soy igual que era hace tan solo unos meses.
Me lo muestran mis ojos,
más sensibles ahora al pequeño,
al que aprende, al que crece.
Me lo dicen mis oídos, amigos de las risas
entrelazadas con niños y sus juegos,
amigos de las canciones y palmas,
que dejaron sus ecos en bosques, barrancos y senderos.
Me lo recuerdan mis manos,
más expertas ahora para apoyar y levantar,
para cuidar y estrechar,
para crear y compartir.
Gracias, Dios bueno,
por los pequeños y los que crecen,
gracias por las risas, los niños y sus juegos.
Gracias, Padre, por las canciones y palmas,
por los bosques, barrancos y senderos.
Gracias por aprender a apoyar, levantar, cuidar y estrechar,
gracias, Padre, por enseñarme a crear y compartir.
Gracias, Padre, por los que dejan su huella en mi forma de mirar,
por los que marcan mis manos
y por aquellos con los que aprendo a escuchar.
Padre Nuestro...
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