El trabajo más duro del mundo (https://www.youtube.com/watch?v=ThEoS7tUyac)
- 1º
EXPLICACIÓN
Ser madre es una de las mayores tareas que
una persona puede realizar en la vida. En la palabra madre caben las horas de
desvelos, la emoción por las pequeñas cosas, las mayores preocupaciones por el
otro, el cariño y la apertura, el sacrificio sin medida, la fortaleza hecha
humana… a través de las madres.
María, hija de Joaquín y Ana, de la pequeña
villa de Nazaret, a unos pocos kilómetros de Jerusalén, a sus 15-16 años, recibió
una invitación, la invitación a asumir la tarea más importante de toda su vida:
ser madre. No hubo entrevista de trabajo previa; simplemente una invitación.
María pudo sentir que Dios le invitaba a ser madre, y que su forma de acoger y
educar a su hijo iba a ser decisivo en el plan que Dios soñaba para el mundo. Los
Evangelios nos lo cuentan como un diálogo con un ángel; es la imagen que
utilizan los evangelistas para contextualizar un diálogo con Dios en oración.
Nosotros recibimos invitaciones como María a
lo largo de la vida. Invitaciones a hacer cosas buenas, para nosotros o para el
mundo. Dios habla a nuestras intuiciones y a nuestra vida a través de lo que
uno puede ver sobre el mundo y sobre sí mismo.
- 2º LECTURA DEL
EVANGELIO. Evangelio según San Lucas 1,26-38.
En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de
Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Angel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Angel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”.
El Angel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Angel se alejó.
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Angel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Angel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”.
El Angel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Angel se alejó.
- 3º
ORACIÓN FINAL
Pedimos a María de Nazaret que nos ayude a escuchar las
invitaciones que nos animan a sacar lo mejor de nosotros mismos.
Rezamos
juntos “Dios te salve, María…”

