Sí. Celebramos esto, y celebramos aún algo más... Que este mismo hombre concreto enamorado de la vida, Jesús de Nazaret, recibe de Dios Padre mucha más vida que la que le es arrebatada.
¿Por qué podemos celebrar la Semana Santa en el siglo XXI? Porque sigue habiendo muchas personas que aman también mucho la vida y que siguen siendo víctimas de situaciones y personas que se la quieren arrebatar. Y porque Dios Padre sigue deseando entregar a todas estas personas mucha vida. Siempre.
Desnudados de derechos y de dignidad por miedos contagiosos y deshumanizadores, fríos al amparo de techos de plástico de Naciones Unidas y tristes, cientos de millones de hermanos y hermanas sienten sus vidas condenadas, sus sueños atravesados de espinas y sus capacidades abofeteadas. Sus manos tendidas en cruz llaman a las puertas de Europa y solo unos pocos parecen ser capaces de acompañarlos en su Gólgota alejado de los muros que protegen Occidente. Solos.
Dios Padre, Tú quieres dar mucha vida a todos tus hijos, especialmente a aquellos cuyas vidas están siendo especialmente amenazadas. Al nombrarte Padre intentamos comprender tu dolor por tus hijos y al decirte Nuestro te pedimos que nos ablandes el corazón, que tu dolor por tus hijos nos ayude a tener dolor por nuestros hermanos y hermanas. Te pedimos pan para ellos, y que aprendamos a compartir el nuestro. Te pedimos no sucumbir a los engaños que se erigen capaces de justificar lo inhumano. Padre Nuestro, Padre de los Refugiados: Padre Nuestro...
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