Contaba un hombre adulto el miedo que sufrió la primera vez que montó en un avión; casi temblando en el despegue, con los ojos nerviosos atentos a cualquier señal luminosa que pudiera avisar de algún imprevisto o complicación mecánica, no encontrando acomodo en su sillón, … A su lado, un niño de unos 8 años, pasaba el viaje distraído, pintando pájaros y aviones, canturreando a veces.
El adulto, admirado y curioso ante la serenidad con la que el pequeño disfrutaba de su viaje, le preguntó si no tenía él también miedo, a lo que el niño respondió: “¿Miedo? ¿Miedo de qué, si el piloto que lleva el avión es mi padre?”
Empezamos la cuaresma. ¿Tiempo de esfuerzo? Sí, tiempo de
esfuerzo. ¿Tiempo de tristezas, o de falta de esperanza? No, en absoluto.
La cuaresma es tiempo de esfuerzo porque la vida misma es
tiempo de esfuerzo. Pero es esfuerzo acompañado, es esfuerzo con sentido, con
intención y meta.
Que te sintamos cercano, Padre, que te sepamos cercano.
Porque contigo el camino cambia y es más fácil darnos cuenta
que los retos no son sino oportunidades para crecer y sacar lo mejor de
nosotros.
Padre Nuestro…
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